Durante el orgasmo, esto es lo que pasa a nivel neuronal en tu cerebro

Sabemos que los orgasmos son una explosión de placer, pero no tenemos ni idea de cómo funciona ese clímax en nuestro cerebro. Hasta que ha llegado el neurocientífico Adam Safron, que ha comprobado que el ritmo físico que ordenan nuestros cuerpos durante el sexo influye en el ritmo neuronal que hace posible nuestro éxtasis.

Sí, hablar de ‘ritmo sexual’ suena a cosa conocida, pero Safron ha modelado lo que sucede a nivel neuronal en esos momentos en los que dos cuerpos buscan una misma cadencia.

Más allá de cuáles son las regiones cerebrales que se encienden al tener un orgasmo, Safron ha observado que durante el sexo existe una sincronización entre la estimulación genital y cómo se comportan nuestras neuronas.

El investigador ha comprobado que la estimulación repetida de ciertas áreas, a un ritmo determinado, puede hacer que las neuronas se “concentren” de una manera especial durante el sexo. Esa estimulación rítmica puede acentuar las oscilaciones neuronales a determinadas frecuencias, creando una especie de swing interior.

La sincronización es importante para la propagación de las señales en el cerebro, porque las neuronas son más propensas a encenderse si son estimuladas varias veces dentro de un breve lapso de tiempo. De lo contrario las señales se descomponen como parte de un mecanismo general de restauración que nos lleva de vuelta a un estado normal”, ha explicado el neurocientífico.

A medida que nos movemos para obtener placer es como si comenzáramos a empujar en un columpio a nuestras neuronas. Por eso cuando la estimulación es intensa, se prolonga y no se frena, se da mecha a nuestras neuronas, que caen una especie de trance que facilita la consecución del orgasmo.

Esa cadencia sexual influencia la actividad cerebral hasta el punto de que, en la antesala del éxtasis, las neuronas están tan “concentradas” que el resto de sensaciones quedan bloqueadas. Se paraliza el dolor, los olores, el frío para que las neuronas solo se entiendan en el camino del goce.

El sexo es una fuente de sensaciones agradables y conexión emocional, pero más allá de eso, en realidad es un estado alterado de la conciencia

La estimulación sexual no es la única que orienta a nuestras neuronas de esa manera. Las neuronas inundan nuestro cerebro de forma similar cuando bailamos o escuchamos música. La habilidad para mantener el ritmo se convierte entonces en una gran destreza. Y el nexo que une a todas sus formas —sexo, baile, música— quizá venga a explicar por qué siempre se ha dicho que los buenos bailarines suelen ser también buenos amantes.